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Sala 6: Entre cartagineses y romanos
La Sala 6 está dedicada a uno de los periodos más decisivos de la historia antigua de la ciudad: el tiempo de transición entre el dominio cartaginés y la conquista romana. Entre los siglos III y I a. C., Carmona ocupó un lugar destacado en los grandes conflictos que transformaron la Península Ibérica y marcaron el inicio de una nueva etapa histórica.
La presencia cartaginesa en la Península Ibérica se consolidó a partir del año 237 a. C., bajo el mando de Amílcar Barca. Este proceso abrió una etapa de tensiones políticas y militares que culminaría con la segunda guerra púnica y la posterior conquista romana del territorio.
Durante este periodo, Carmona destacó por su valor estratégico. Su posición elevada, su dominio visual sobre el territorio y la fortaleza de sus defensas la convirtieron en un enclave de gran importancia militar. La ciudad controlaba caminos, accesos y pasos naturales, factores que explican su relevancia en los enfrentamientos entre cartagineses y romanos.
Más tarde, entre los años 47 y 45 a. C., durante las guerras civiles entre Julio César y los partidarios de Pompeyo, Carmona volvió a desempeñar un papel destacado. El propio César llegó a describirla como “la ciudad, con diferencia, más fuerte de toda la provincia”, una referencia que subraya la potencia defensiva que la ciudad conservaba en aquel momento.
La arqueología ha permitido conocer mejor esta imagen de Carmona como ciudad fortificada. En el entorno del bastión de la Puerta de Sevilla se han documentado recientemente estructuras defensivas que refuerzan la idea de un conjunto especialmente preparado para resistir ataques, en particular los realizados por caballería.
Entre estas defensas destacan tres fosos excavados en la roca: dos de ellos discurren paralelos a la muralla y un tercero se dispone de forma perpendicular, protegiendo el flanco norte del bastión. Este sistema defensivo hacía aún más difícil el acceso a la ciudad y convertía la Puerta de Sevilla en un punto prácticamente inexpugnable.
Ya en la primera mitad del siglo I a. C., la construcción de una puerta monumental anexa al bastión cartaginés, junto con una porterna o acceso secundario, completó el sistema defensivo de la Puerta de Sevilla. Estas intervenciones muestran la continuidad y transformación de las fortificaciones de Carmona en un momento clave de su historia.
En conjunto, esta sala permite comprender cómo Carmona pasó de formar parte del escenario cartaginés a integrarse progresivamente en el mundo romano, sin perder su papel como enclave estratégico, fortificado y decisivo en el control del territorio.




