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Sala 12: La Ciudad medieval cristiana y moderna
La Sala 12 está dedicada a la evolución de la ciudad tras la conquista cristiana y durante la Edad Moderna. Este periodo estuvo marcado por la reorganización política y urbana de Carmona, la transformación de sus antiguos espacios defensivos, el desarrollo de nuevos barrios y la consolidación de un paisaje monumental en el que convivieron la herencia medieval, la arquitectura mudéjar, el gótico y el barroco.
A mediados del siglo XIII, Carmona volvió a desempeñar un papel estratégico como llave de acceso al Bajo Valle del Guadalquivir. En 1247, tras la campaña de Fernando III y la presión ejercida sobre los alrededores de la ciudad, Carmona decidió pactar con los cristianos, iniciándose así una nueva etapa en su historia.
Uno de los momentos más destacados de este periodo fue el reinado de Pedro I de Castilla entre 1350 y 1369, conocido como Pedro el Cruel o Pedro el Justiciero. El monarca decidió restaurar el antiguo palacio musulmán del Alcázar Real, que reforzó con una nueva barbacana y dos grandes torres cuadradas. En su interior mandó construir un palacio, convirtiendo este espacio en una de sus residencias más importantes.
Pedro I impulsó también nuevas obras defensivas en la ciudad. Mandó construir otra fortificación al otro lado de la Puerta de Córdoba, conocida como el Alcázar de la Reina, y amplió el Alcázar de Abajo o de la Puerta de Sevilla con la incorporación de los Salones de Presos y otras dependencias.
Durante la guerra entre Pedro I y su hermanastro Enrique por la Corona de Castilla, Carmona permaneció fiel al rey incluso después de su muerte. La ciudad resistió dos años de asedio hasta su capitulación en 1371. Tras la rendición, Enrique II ejecutó a los principales cabecillas y castigó duramente a la ciudad.
Desde el punto de vista urbano, los siglos XIV y XV fueron una etapa de consolidación. En este periodo se afianzó el arrabal de San Pedro y la trama urbana en torno a la calle de San Felipe, formada probablemente durante la Edad Media, aunque en un momento aún no determinado con precisión.
El siglo XV tuvo además una especial relevancia para la arquitectura de Carmona. Durante esta centuria se demolió la antigua Mezquita Mayor y se inició la construcción de la iglesia Prioral de Santa María sobre su solar. También se fundó el convento de Santa Clara y se ampliaron las defensas del Alcázar de Arriba con el fortín de artillería conocido como el Cubete.
En el siglo XVI, el paisaje cultural de Carmona aparece ya plenamente consolidado en sus principales elementos urbanos y monumentales. Así lo documenta la Vista de Carmona desde el Sur, realizada por Anton van den Wyngaerde en 1567, una imagen fundamental para comprender la configuración histórica de la ciudad en la Edad Moderna.
En el ámbito rural, entre finales del siglo XVII y durante el XVIII se produjo un crecimiento sostenido del olivar, impulsado por el aumento del comercio local, nacional e internacional del aceite y sus derivados. Este proceso provocó la disminución progresiva de la tierra calma, la vid y la dehesa, hasta casi desaparecer en algunas zonas.
En este contexto se expandió por la campiña de Carmona el modelo de hacienda barroca, vinculado a la producción agrícola y, especialmente, al olivar. Destacan ejemplos como Vistahermosa, La Buzona, La Plata, El Corzo y Palma Gallarda. Por su parte, en la campiña situada entre los ríos Corbones y Guadaíra predominaron las explotaciones cerealistas de secano, organizadas en grandes parcelas y con el cortijo como modelo principal de habitación y explotación.
Durante el siglo XVII, la ciudad continuó transformándose con la formación de espacios urbanos como las plazas de Lasso y San Blas, además de la creación del convento de las Descalzas, levantado sobre un espacio que fosilizaba la antigua vaguada y vertedero del Albollón.
El siglo XVIII supuso el triunfo definitivo del barroco en Carmona. Esta estética dejó una profunda huella en la ornamentación y arquitectura de las grandes casas nobiliarias, tanto mediante nuevas construcciones como a través de la reforma de edificios anteriores. Un ejemplo significativo es la Casa Palacio Marqués de las Torres, actual sede del Museo de la Ciudad, donde durante su adaptación museística se documentó cómo los alfices quedaron ocultos bajo emparchados y cómo se dintelaron antiguos arcos mudéjares.
La influencia barroca no se limitó a la arquitectura nobiliaria. También transformó iglesias, conventos y edificios religiosos, donde se abrieron nuevas puertas, se levantaron fachadas y se construyeron nuevas bóvedas bajo antiguos artesonados. Incluso las casas populares de tradición mudéjar fueron reformadas para adaptarse a la estética dominante de la época.
En conjunto, esta sala permite comprender la evolución de Carmona entre la Edad Media cristiana y la Edad Moderna: una ciudad que mantuvo su importancia estratégica, transformó sus antiguas defensas, consolidó su paisaje urbano y proyectó su riqueza agrícola y nobiliaria en una arquitectura monumental de gran personalidad.








