Información Histórica

La historia de Carmona es la historia de una ciudad habitada, transformada y disputada por distintas civilizaciones a lo largo de los siglos. Su posición estratégica, su riqueza agrícola y su valor defensivo hicieron de este enclave uno de los núcleos más importantes de la provincia de Sevilla, dejando un legado arqueológico y monumental que aún hoy define su identidad.

Carmona a través de la historia

Situada sobre la elevación natural de los Alcores, Carmona domina desde hace cinco milenios el paisaje del valle del Guadalquivir. Su posición estratégica explica que haya estado habitada de forma ininterrumpida desde el Neolítico, acumulando una extraordinaria superposición de culturas y arquitecturas que hoy permite recorrer, en un solo lugar, toda la historia del sur peninsular.

Los primeros pobladores se asentaron en la ladera de San Blas entre los siglos IX y VIII a. C., donde confluyen antiguos caminos hacia la desembocadura del río. Muy pronto la ciudad se fortificó con fosos, empalizadas y murallas que, reforzadas durante siglos, definieron su carácter defensivo.

En época turdetana, Carmona combinó tradición tartésica con influencias mediterráneas. Más tarde, los cartagineses la convirtieron en uno de sus principales baluartes, y ya en el siglo I a. C. Julio César la describió como la ciudad “más fuerte de la provincia Ulterior”. Las excavaciones recientes han revelado complejos sistemas defensivos, como los fosos excavados en roca junto a la Puerta de Sevilla.

Con la llegada de Roma, Carmona se transformó en una ciudad planificada según el modelo clásico, con grandes ejes viarios, puertas monumentales y un avanzado sistema de minas de agua que aún hoy sigue en uso.

En 713, la ciudad fue incorporada al mundo islámico y se convirtió en cabeza de una cora. Se reforzaron las murallas, se elevó la Torre del Homenaje y la Mezquita Mayor ocupó el lugar donde hoy se alza la iglesia de Santa María. Su trazado continuó articulándose en torno al antiguo cardo romano.

A mediados del siglo XIII, Carmona volvió a ser clave en la conquista cristiana del valle del Guadalquivir. Más tarde, bajo el reinado de Pedro I, se renovaron y ampliaron los alcázares, dejando una huella arquitectónica que aún define su perfil monumental.

Durante la Edad Moderna, la ciudad adquirió su fisonomía actual: iglesias, conventos, casas‑palacio y una arquitectura popular sobria y característica. El Barroco del siglo XVIII embelleció palacios y templos, mientras que la Edad Contemporánea trajo cambios sociales profundos, como la desamortización y la creación de nuevos espacios públicos.

Hoy, Carmona es un paisaje histórico vivo, donde cada calle, cada puerta y cada torre cuentan un capítulo distinto de una historia que abarca cinco mil años.

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